Las Mipyme no esperamos que se nos de todo en bandeja: no nos gusta el paternalismo. Somos gente de empresa que aceptamos el desafío de ser emprendedores, creadores de riqueza.
Chile es un país que ha hecho suyo un modelo económico de corte liberal que se basa en un rol del Estado netamente fiscalizador y que exalta al mercado como la única forma eficiente de asignación de recursos.
Los gobiernos deben entonces preocuparse de corregir las fallas del mercado y de proveer los bienes que los privados no están en condiciones de entregar. Y, asimismo, preocuparse de mantener reglas del juego claras y trasparentes y no establecer normativas que frenen la inversión privada.
En este modelo, hasta el lenguaje tiene una interpretación distinta. Así, por ejemplo, otro tipo de participación de la autoridad, a las descritas más arriba, es considerada "intervencionismo" y mayores controles son vistos como "lomos de toro"; en tanto, los subsidios son catalogados de "paternalismo" y las medidas correctivas son "frenos a la inversión".
Este es el mundo que nos presenta el actual sistema económico. Donde cualquier atisbo de modificación es considerado casi como un atentado a los macro equilibrios.
No obstante, más allá calificar al modelo mismo como de "bueno" o "malo" – lo que podría ser motivo de otra discusión-, creo que es inadecuado para nuestra realidad. No está a la altura de lo que el país requiere, ni resuelve los problemas que enfrentamos. Es, simplemente, un modelo que nos queda mal – grande o chico, según la perspectiva con que se le mire.
Es una estructura que queda bien para países con alto grado de desarrollo, con equidad social, con educación de calidad para todos, con sistemas de seguridad social acordes a la composición de la sociedad, con reglas del juego que más importantes que ser "iguales" son "justas", en el sentido que establecen, como en el modelo de justicia griego, que lo justo no significa "a todos lo mismo" sino que "a cada uno lo que se merece".
Es así como defendemos la necesidad que tiene nuestra sociedad de reconocer las falencias del modelo económico y la necesidad que existe de plantear formas de apoyar a quienes parten de una situación de desventaja.
Las Mipyme no esperamos que se nos de todo en bandeja: no nos gusta el paternalismo. Somos gente de empresa que aceptamos el desafío de ser emprendedores, creadores de riqueza.
Sólo esperamos que se considere que debemos tener, en un primer momento, algunos impulsos que nos permitan fortalecernos y desarrollar nuestras empresas. Y es que las condiciones que se imponen para nuestro sector, no están diseñadas para aquellos que parten desde abajo. Quienes se inician con reducido capital ven como las trabas merman sus ya escuálidas arcas empresariales.
Pero no todo son regulaciones, también presionan a las EMT (Empresas de Menor Tamaño) la falta de políticas de fomento y las condiciones de mercados que, siendo supuestamente libres, atrapan a las empresas mediante condiciones abusivas y/o injustas.
No es fácil desarrollarse si existen trabas a la instalación de empresas. Tampoco lo es cuando hay condiciones, impuestas por los grandes clientes, que terminan por ahogar al sector o cuando se cometen abusos en los casos de proveedores de créditos (bancos y financieras) que obtienen grandes ganancias a costa de costos de crédito muy distanciados de la realidad.
Asimismo, para innovar se necesita capacitación e instrumentos que incentiven a los empresarios a correr riesgos para crear y crecer. Se requiere más educación y políticas de fomento para que las empresas inviertan en tecnología, para que exporten, para que se suban al carro del comercio internacional, para crear trabajos dignos y bien remunerados, para contratar a jóvenes profesionales y técnicos, para participar del comercio a través de la web o para competir de igual a igual con productos extranjeros.
Nuestro país requiere tener una mirada que reconozca las dificultades que en el origen enfrentan las EMT para desarrollarse. Requiere disminuir las desigualdades de origen y de las oportunidades. Debe existir un ente regulador que controle las condiciones abusivas que impone el mercado y tener organismos que se preocupen de apoyar, en un principio, a quienes se integran a la economía.
En fin, son cosas que permitirán establecer un modelo económico más justo y más adecuado a nuestra realidad. Lograr, en definitiva, construir un modelo a la medida del país.
|